cuento de secundaria

CUANDO LA SANGRE BRILLA MÁS

María Elena Cervantes desde muy joven demostró interés por la fotografía. Durante su infancia ella y sus dos hermanos (juan y miguel) se divertían en el corral, en casa de sus abuelos, sacando a los gallos de sus jaulas y hacer que se pelearan, para luego con una cámara prestada, tomarle foto al animal más agitado y sangrante. A ella le fascinaba tomar fotos así, desde palomas que habían sido atropelladas por algún auto, hasta perros que corrieron el mismo destino. En su adolescencia, saliendo del colegio se daba una vuelta por la carnicería de su familia. Sentada escuchaba las anécdotas del barrio que le contaba su tío, mientras sonaba “trio los panchos” de fondo; Curiosamente siempre fileteando la carne al compás de las canciones. Después se divertía con sus hermanos pues a Juan le daba un tremendo asco el olor a ácido láctico con vinagre que salía de la carne y a Miguel le costaba observar la sangre que expulsaba el tejido después de cortarlo. Elena solo se reía y Miguel le respondía con un: “hazlo tú, a ver si es cierto”. Elena absorbió una idea de muerte que le generó una falta de impresión total. no había una diferencia entre lo que veía en la carnicería de su tío y lo que encontraba en los periódicos nota roja que abundaban por doquier. Atenta escuchaba los chismes sobre los crímenes que pasaron anoche en la cuadra, mientras se imaginaba los del día siguiente. Pasó el tiempo y con ayuda de un pariente, logró conseguir trabajo como fotógrafa forense. Con los meses, la chispa desapareció, le perdió el gusto, pues los cuerpos inertes, grises, insípidos y sin sabor visual, le aburrían. Ella era más de masticar el momento, cuando la sangre brilla más. Ahogada en monotonía, un martes por la tarde llega su compañero de trabajo. Elena con su voz cálida le pregunta: - “¿Por qué tan temprano?”-. El sujeto agitado le responde: - “me acaban de asaltar, una moto me venía siguiendo desde la farmacia, me sacó una pistola y me quitó todo, pinches lacras. Mejor ve a tu casa. Disfruto más el trabajo cuando estoy solo”-. Ella no lo pensó dos veces, tomó sus cosas y se marchó. En el camino a su casa recordó que ese día era el cumpleaños de su hermano Miguel, así que cambió de rumbo para llevarle un regalo “otro par de zapatos rojos, que sorpresivo”, pensó ella, pues Miguel toda su vida llevaba puestos unos zapatos rojos. Ya con el obsequio y unas ganas de saborear ese pozole que su abuela preparaba cada que alguien cumplía años, se percató de que un camión estorbaba la avenida, por lo que dió vuelta. En eso una motocicleta a gran velocidad en un intento de esquivar el auto de Elena, pierde el control y se impacta contra el camión. cayendo a unos centímetros de las ruedas. Este sin darse cuenta, da de reversa y aplasta la cabeza del joven. Sesos en su punto más fresco, trozos de cabello injertos en el cuero rojizo y un olor a hierro penetrante inundan el lugar. Los niños dejan de lamer su helado, los vendedores de pan dejan de pedalear, el anciano que vende periódico suelta lo último en noticias (que ya no es lo último) y los que hacen malabares en el semáforo, dejan de hacerlos, el ruido es succionado por el rebotar de una pelota, el ritmo de que esta empieza a acelerar, el sonido vuelve y la gente se empieza a arremolinar como abejas en un panal. Caras de asombro, asco y horror se dibujan en el ambiente. Elena baja del auto con la cámara colgada al cuello, todo parece embonar perfectamente, colores vivos, encuadre y eso que más extrañaba. La sangre caliente y enervante escurriendo con libertad, sangre casi apañando el lente. Con sus delicadas y blancas manos toma la cámara con seguridad y toma una foto digna de darle un significado más rico a la palabra “gráfica”. Rascando el morbo. Elena sube al auto, se quita la cámara colgando de su cuello y acelera. Por el retrovisor alcanza a visualizar una patrulla policiaca. Centró su mirada en el camino, observa la cámara reposando en el asiento del copiloto, junto a la caja que contiene el regalo. Aprieta el volante con sus manos y se va. Llega a casa de sus abuelos y justo antes de que su mano tuviera contacto con la puerta, sale su hermano juan, con teléfono en mano y dice: - “al pendejo de miguel se le hizo fácil asaltar a un wey por la farmacia, me dijo que lo venían siguiendo Juan se fue corriendo. Elena regreso al auto por su cámara, sentada y buscando una distracción para la situación, se puso a revisar las fotos que había tomado; entre los detalles se percató de que lo único no salpicado de sangre, eran unos tenis rojos.

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