sobre el artistómetro

El falso deber ser del artista:

Los artistas tenemos bien instaurado un artistómetro en la panza, que ruge cada que no estamos haciendo algo “artístico” y que se aplaca cada vez que nos ponemos nuestra ropa de artista y hacemos cosas de artistas. Un artistómetro nutrido por todas las herencias (muchas del siglo XIX) que nos dictan lo que “debe de hacer un buen artista” como: sufrir mucho y morir joven, básicamente. El in-mundo del arte se ha encargado de elevar este mito al ponernos como máximos exponentes a un innumerable séquito de humanos que hacían arte a pesar de sus sufrimientos, pero nos los presumen como gente que hacía arte porque sufría. Generando en nosotros una relación artista = mártir. Calando hondo en nuestro criterio, repitiendo así estos cánones al momento de acercarnos a una obra, en donde si nos enteramos que la persona detrás de la obra tuvo una vida tumultuosa y llena de tragedias ¡ZAZ! Inmediatamente nos parece más interesante; dejamos a la obra en un segundo plano y pasamos el culto a la persona (cosa que le fascina al capital) hacia el primer plano. Por esto en ocasiones el ámbito artístico se siente como una competencia del más traumado y hemos sido ese, aquel que muestra como dolorosas, cosas que, en realidad, ni nos duelen. Nutriendo a la ficción del creador atormentado. El artista crea a pesar de sus problemas, no gracias a ellos. Que los use de materia de trabajo, ya es otra cosa. ¿También te ha pasado que estás en tu horario laboral, uniformado repitiendo el eslogan de tu empresa, empaquetando el producto y pensar “chale, no sé si esto haría un artista”? Tenemos idealizada esta imagen del artista que no caga, que no falla, que no hace el ridículo. Pensamos en el gran sabio de tiempo completo que crea sus más grandes obras en la soledad de su lúgubre estudio, con su uniforme de artista (ojo tampoco estoy en contra del uniforme, todo mundo los usa, un médico se siente más médico cuando trae su bata blanca, como por qué nos vamos entonces a limitar con nuestro uniforme de artista, que en la mayoría de los casos es una playera negra y pantalón guango) y que sale a la luz de vez en cuando para sorprender al mundo. Es insostenible aspirar a eso, ya que ese personaje murió. No eres menos artista por trabajar en un Oxxo, asi como no es mas artista el viejo blanco heterosexual por tener el privilegio de dedicarle sus horas a un cuadro. Pienso que el ser artista no es una condición en la que tienes la posibilidad de quitarte el traje cuando decides serlo y quitártelo cuando no. Cayendo en una comparación burda: el hombre araña no deja de ser héroe al quitarse el traje, así como no deja de ser Peter (el hombre que trabaja, que caga, que es rechazado, etc.) por ponerse el traje. Así mismo el artista.

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