Poemario

Índice
  1. 1
  2. Fresnillo
  3. Fresnillo II
  4. Archivo
  5. La otra montaña
  6. Agua violenta
  7. 7
  8. Lo justo
  9. Vivir con la grieta
  10. 10
  11. No toda luz
  12. Delante de Dios
  13. 13

1

En mi jardín no hay flores

Ni césped, ni agua.

Solo hoyos.

Grietas que unen sus bordes para hacer frente

a este gran semidesierto rojo

de cuerpos y plata.

Fresnillo

Mi pueblo es un dominó de socavones,

causados por el rumor externo

de los hombres de traje,

que voltean la mirada

cuando sus hijos matan a los hijos del otro.

Piso de plata saqueado.

manos extrañas,

jalan la cadena

que construimos

y ahora nos ata.

Que los pulmones de nuestros padres se ennegrezcan

para que pueda brillar el auto del patrón.

Que los compañeros de clase

dejen su butaca vacía

para llenar el socavón irremediable,

interminable,

inacabable,

que se alimenta de nosotros.

Hijos de mineros,

excluidos del lujo soñado,

de la cadena que al jefe adorna

y a nosotros ahorca.

Fresnillo II

Ansío el día

en el que debajo de nuestras casas

solo haya tierra.

Nada que les sirva.

Nada que puedan vender.

Padecimos

la blanca suerte plateada,

y con ello,

el cierre de nuestros parques.

Mi ocio.

Tu ocio.

Nuestro ocio.

A cambio del rumor enterrado

de algunas piedras valiosas.

Archivo

Surco de cemento que encapsula sangre.

Te debemos la memoria

que con jabón diluyen.

En tu haber de manchas

guardas la más incómoda:

síntoma del olvido,

compañera de chicles,

polvo

y aceite.

La otra montaña

Guardé mi confusión.

La llevé en una bolsa

a donde se encuentra el gigante de óxido.

Aquí las personas derraman la brea negra

que sale de pasarle un trapo al corazón.

Entre los glaciares de metal,

se asoma la gran montaña de carne,

lo único que no emite

el reflejo del copo mayor.

Cayeron las plumas glaciares

sobre nosotros todo el día,

restos de la asunción forzada.

Aquí se encargan de separar

lo que desecha el hombre útil.

En un mismo contenedor

llegan los dientes de mis amigos

y restos de basura industrial;

cabello enredado

entre las medallas de oro

de algún reconocido atleta.

Dos montañas totalmente desproporcionadas

se forman:

inorgánica

y orgánica.

Una vez cada cierto tiempo,

nos visitan los hombres de traje,

se llevan la colección de chatarra

y la vuelven a convertir

en algo que les sirva.

Mientras que acá,

intacta,

nos dejan la otra montaña.

Agua violenta

Agua violenta nos tocó.

Llegó como llega el bostezo.

Se coló debajo de la puerta y, con los días,

aprendimos a beber de ella; aprendimos a bañarnos en ella.

Hicimos de nuestras calles un río

donde ahogamos todo tallo por crecer.

Un estanque en el que quisimos flotar nuestros barcos

y donde solo nos resignamos a rezar.

Tú no tienes la culpa de haber querido respirar,

de abrir la boca en un gesto desesperado por agarrar oxígeno,

llenándote los pulmones de la lama más espesa y fría.

No fue culpa tuya buscar la ausencia de todo

cuando nuestro todo era solo rabia.

La misma que usaste para remar fuera de aquí.

Amigo, dime si al final pudiste llegar a la orilla,

pisar tierra y sentarte a esperar(me).

No sé cuánto tarde,

pero estoy convencido de que todas las aguas

llevan a ti.

7

Las avispas del horror inundaron nuestros cuerpos,

y quisimos esconder los piquetes hacia el exterior.

Bajo la ropa yacían las rutas de nuestra eterna complicidad,

un recuerdo de nuestro no entender el mundo.

Y en ese no entender,

la inocencia de aprender el mismo idioma

de quienes se resignan en vida.

No es que hayas muerto,

es que te ahogaron las mismas vertientes

que a mí me empujaron hacia fuera.

Aguas donde, en el fondo, siguen las piedras que aventamos,

interrumpiendo el reflejo de la nube máxima,

formando estructuras en los bajos verdes.

Los castillos ocultos de nuestra amistad

se derrumban bajo mi almohada,

que, junto con mis sueños y anhelos

te nombran

Lo justo

No te faltó más por vivir.

Viviste lo justo.

Los días justos.

Los meses justos.

El sueño te venció jugando,

indestructible,

en calma.

El espejo te guardó intacto:

ruidoso,

inquieto.

Los pasos que diste,

lo que hablaste,

lo que rompiste,

todo fue lo justo.

Me molesta el afán del tiempo

al insinuar que te faltó más,

solo porque dejaste tu cama destendida,

el plato lleno,

un cerillo sin prender.

Me molesta que se te impongan

versiones ajenas de lo que pudiste ser,

fantasmas que solo duelen en vano,

falsos tiempos de más,

que son descartados por el presente,

donde no hay espacio para otro suspiro.

Nada que te pueda ser dado existirá jamás.

Elegiste los días justos,

y con ello,

la vida justa.

Vivir con la grieta

El último calor del mundo, resguardado en tus manos.

La chispa que creció hasta asomar

sus raíces de luz

por fuera de la casa,

tiznando la ruptura en la pared,

incendiando lo ya incendiado.

Si busco ahí dentro,

¿qué puedo encontrar?

¿El cúmulo de trigo

que cubre a nuestro pequeño lenguaje,

que solo los árboles entienden?

¿La esperanza bajo la mesa que ladea,

tus zapatos intactos,

las muecas a medio formar

y el sonido eterno del refrigerador?

Una grieta.

Dos grietas.

La grieta máxima se abre entre nosotros.

Y con ello:

sostener los bordes ardientes de la fisura,

sangrarme a solas,

asumirme,

labrar el refugio,

guardar el cariño que nos queda,

hasta poder

con fe

vivir con la grieta.

10

Polvo en la luz,

suspendido,

a la espera

de una corriente de aire.

Balón,

que antes de caer,

arrastra miles de miradas

hacia el concreto.

Cúmulo de alas

sobre los cables de tensión

que alimentan esta ciudad.

Banquetas

que se dejan pintar de negro

por las ramas,

bajo el sol

Detrás del movimiento

irrepetible de las cosas

se esconde un mundo

que no pide mucho:

solo ser habitado.

No toda luz

No toda luz

viene como respuesta

al arrebato más violento.

Ya había en mí

un campo de espejos

que, aun volteados,

reflejan mi entrega.

Ante este momento

que se detiene

y que amo:

persignar a mi papá antes del trabajo,

despertar en el humo azul de la mañana,

enredarme en la risa.

Y con ello,

la certeza

de que me mantendré

frente a esta vida,

con el corazón expuesto.

El horror

no determinará jamás

lo que ya hay en mi sangre.

Delante de Dios

Delante de Dios

sostengo mi odio.

Clavo mis dientes en su corazón,

no para hacerle daño,

sino para aferrarme.

Pues este odio que cargo

es el mismo que me hace esperar

una temporada más,

para que esta vida

me signifique algo.

Esta tenue esperanza

es más fuerte

que todos los vacíos del mundo.

Cálida chispa

entre remolinos de agua,

que se niega a ceder.

13

Puntos de luz se cuelan

entre los hilos de nuestro refugio,

formando un caparazón inquebrantable,

como el del caracol

que guardamos esta mañana,

escondido y seguro.

Así duermo

cuando me arropas.

Entre el ruido de la espuma

que lanzan los niños

en la fiesta patronal,

los copos recogen

en el aire

pedacitos de nuestra infancia,

que riegan este gran lote baldío,

convertido en campo de juego

por manos pequeñas

que imaginan

cada domingo

un mundo nuevo.